domingo, 26 de agosto de 2012

México. El Centro Histórico.

Pionero en el Centro Histórico
Ángeles González Gamio
Desde hace años venimos comentando los programas que distintos gobiernos capitalinos han emprendido para rescatar el Centro Histórico. Los que podemos recordar más consistentes son los que se han llevado a cabo a partir de 1990. Con tristeza hemos visto que esas acciones dependen exclusivamente del capricho del gobernante en turno y si al que sigue no le interesa, todo comienza a revertirse.
Recordamos un proyecto que pareció muy exitoso. Lo impulsó Manuel Camacho cuando era regente e igual que ahora se arreglaron calles, fachadas, se renovó el mobiliario urbano y se sacaron de las calles a los vendedores ambulantes, reubicándolos en plazas comerciales. El Centro recuperó su belleza y dignidad. ¿Qué pasó? A los siguientes dos gobernantes, un regente y un jefe de gobierno no les interesó el programa y todo se revirtió.
Los ambulantes regresaron a las calles en mayor número que antes, los edificios se deterioraron, regresó la basura, inseguridad y demás lacras que conlleva el abandono. Fue Andrés Manuel López Obrador el que volvió a iniciar el rescate de la zona uniendo al sector privado, particularmente a Carlos Slim. Ahora nuevamente el Centro Histórico está flamante, aunque la batalla contra el comercio ambulante es cotidiana. A ver qué sucede con el nuevo gobierno de la ciudad.
Esto nos lleva a recordar la lucha que emprendió hace años don José Iturriaga, hombre culto y sensible; sus años en la zona como funcionario de Nacional Financiera despertaron su amor y preocupación por el deterioro que padecía. Ello lo llevó a emprender una batalla por despertar el interés de autoridades y empresarios para iniciar la recuperación del emblemático lugar. Él fue el primero en utilizar el término Centro Histórico.
Don José Rogelio Álvarez, autor de la Enciclopedia de México, explica en un interesante texto: Para lograrlo propuso que el financiamiento de estas obras se hiciera mediante la constitución de una sociedad inmobiliaria con participación mayoritaria del gobierno. Logró el apoyo entusiasta de los banqueros más importantes, entre otros Aníbal de Iturbide, Agustín Legorreta y Carlos Trouyet. La sociedad recibiría los inmuebles ubicados en la zona como aportación de sus respectivos propietarios. Les explicó cómo la arquitectura y el urbanismo, orientados a conservar la historia cultural de México, eran compatibles con la rentabilidad del dinero.
Al cabo de esta exposición, Legorreta declaró entusiasmado: Yo compro todas las acciones que estén en la Bolsa, a lo que siguió la expresión Déjame la mitad, dicha por Trouyet... Comprobada así la viabilidad del proyecto, Iturriaga solicitó audiencia con el Presidente y se lo comentó...
Muy bien, Pepe, nada más que me lo pida la opinión pública, le dijo el licenciado Adolfo López Mateos. En respuesta a esa tácita insinuación, amigos del autor y de la iniciativa se ocuparon en promover que los medios informativos centraran su atención en el tema. Esto desató la polémica y las especulaciones políticas y económicas. Transcurridos varios meses, Iturriaga regresó con el Presidente y éste le dijo: Sí, Pepe, pero yo no quiero que haya una crisis por esto. Uruchurtu me ha dicho que si este proyecto se aprueba él renuncia; no quiero una crisis de gabinete... mejor que lo haga mi sucesor! Nunca se realizó.
Iturriaga destacó en muchos campos y dejó trabajos diversos acerca de muchos temas. La Cámara de Diputados saliente y Miguel Ángel Porrúa Editores publicaron seis obras que nos dan la idea de la visión multifacética de don Pepe.
La colección la van a presentar Porfirio Muñoz Ledo y Miguel Ángel Porrúa el próximo día 30, a las 18 horas, en la Casa del Lago en Chapultepec.
El restaurante favorito de don José era El Danubio, situado en Uruguay 3; decía enfático es el mejor restaurante de mariscos del mundo. Siempre pedía las cocoxas y los langostinos al mojo de ajo. ¿Qué tal si vamos y pedimos lo mismo? No hay pierde.

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