viernes, 27 de enero de 2012

México: votar por el PRI.

¿Libertad para elegir?
Gabriela Rodríguez




Esta semana participé en el foro sobre las mujeres del Movimiento Progresista realizado en Ciudad Juárez con la presencia de Andrés Manuel López Obrador. Lo más impactante fue la presencia de mujeres rarámuris y de algunas denunciantes de feminicidios que no han perdido la esperanza por el cambio verdadero.



El cuerpo se cimbra al pararse en una entidad que hoy es el paradigma del hambre y evidencia del extremo al que la violencia contra las mujeres puede llegar. Tereza Incháustegui, nuestra diputada federal feminista, presentó datos recientes que hicieron que se tambaleara la tribuna: a diferencia de los hombres, que mueren en su mayoría por uso de arma de fuego en riñas que se producen generalmente en los espacios públicos, más de la mitad de las mujeres asesinadas mueren en sus casas. La edad también hace diferencia: la mayor parte de los hombres asesinados mueren entre los 18 y los 40 años, en cambio 7 por ciento de las defunciones femeninas con presunción de homicidio corresponden a bebés de menos de cinco años, las niñas y adolescentes alcanzan a representar 22 por ciento de todos los feminicidios, y la edad más frecuente se ubica en 17 años.

El foro fue también ocasión para presentar un manifiesto por la igualdad, en el cual las mujeres expresamos la necesidad de impulsar un conjunto de políticas públicas que incorporen la perspectiva de género en el nuevo proyecto económico, social y cultural de la nación, que se firmará el próximo 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres. López Obrador confirmó su compromiso con la seguridad pública de las mujeres sin incrementar la violencia, la integración de una comisión de la verdad con abogadas y defensoras de derechos civiles de inobjetable honestidad.


Reconocer con los hechos la igualdad de la mujer en el trabajo, el salario, las condiciones laborales y en la vivienda; salud integral y guarderías para todas, oportunidades de estudio y empleo para las y los jóvenes, así como combatir el machismo, la pobreza, la desigualdad y la impunidad. Se trata del candidato que ha demostrado que no le tiene miedo a la igualdad en el poder, que gobernó el DF con un gabinete integrado 50 por ciento por mujeres muy brillantes, y que comprende la importancia de atacar las causas por medio de políticas públicas, y no sólo enfocándose en sus efectos, como pretenden hacer los gobiernos neoliberales; no puedo estar más de acuerdo cuando él afirma que “la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia”.

La diferencia con otros procesos electorales es abismal. Es muy triste constatar el grado en que la explotación laboral sigue siendo un instrumento de control político y el largo camino que falta para que las mexicanas pasemos a ser sujetos políticos y no sólo objetos de manipulación. En pleno siglo XXI las prácticas electoreras son una vergüenza; recientemente me percaté del grado en que el derecho a elegir a tus gobernantes es un lujo de clase, y también de sexo.


He aquí una anécdota que me dejó helada, atónita, hace un par de meses. Terminando un curso sobre género y sexualidad para docentes que trabajan con jornaleros agrícolas del estado de Sinaloa, se sentaron a comer conmigo un grupo de las maestras participantes. Ellas querían desmentir a un compañero maestro que en la sesión sobre género y poder afirmó que las maestras iban a votar por Peña Nieto porque es guapo: “No vaya usted a creer eso que dijo el compañero, nosotras no somos tan tontas; ciertamente vamos a votar por Peña Nieto, pero no por guapo”. ¿Así que Enrique Peña Nieto es su candidato? –pregunté–.



“Bueno, es a quien vamos a apoyar en la campaña. Mire usted, maestra, cuando uno se recluta con el PRI la situación se nos mejora, nos llaman a participar a las campañas, nos dan nuestra camiseta, gorrita, folletos bien bonitos para repartir en la escuela, todo muy bien organizado. Los fines de semana nos vamos a las colonias. En la pasada contienda electoral yo asistí todos los fines de semana, nos pasaban lista de asistencia y nos apoyaron. Después de las elecciones me gané la plaza, antes ganaba 4 mil pesos y ahora casi gano el doble. Como le digo aquí a mis compañeras que todavía no tienen plaza: apúntense a la campaña del PRI, ese es el camino.


No sé hasta dónde usted lo comprenda, pero mire, yo soy madre soltera, sostengo a tres hijos, y pues, es la manera como vamos sacando adelante a la familia”. ¿Quién les señala cuál es el candidato que deben apoyar? –cuestioné–. “Los jefes, los de arriba, ellos saben a quién nos toca apoyar. Y usted, ¿quién es su candidato?” –me inquirieron–. Yo soy chilanga y mi candidato es Andrés Manuel López Obrador. Allá en la ciudad de México hemos tenido los mejores gobernantes de todo el país. “Sí es cierto –afirmó la maestra–, yo también adoro a López Obrador.

Por acá estuvo en Culiacán, no se imagina cuánta gente se juntó, el bulevar estaba atascado, paró todo el tráfico”. ¿Fueron ustedes? –reviré–. “No, cómo cree. Vayan a vernos y hasta ahí llegó la plaza y nuestro trabajo. No, no nos vamos a arriesgar”. Bueno, pero si el voto es secreto, ¿votará por Andrés Manuel? “Ay, maestra, cómo se ve que no sabe, aquí los supervisores revisan los resultados de cada una de las casillas, y si ven que no ganó el del PRI, ¡para qué le cuento! Usted sí que es una mujer afortunada, usted sí puede votar por el que le gusta. ¿Quién pudiera?”

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