sábado, 31 de diciembre de 2011

Conócete a ti mismo.

Infancia y sociedad
Conócete a ti mismo

Andrea Bárcena
Hay un cuento latinoamericano, anónimo, que quien lo lee no resiste repetirlo. Existen muchas versiones; la primera que conocí estaba en portugués de Brasil. No tiene nombre, pero se podría llamar Leyenda sobre el amor. Es un relato útil para revisar los propósitos de año nuevo, y para acercar a los niños al conocimiento de lo humano, de las virtudes y defectos de nuestra condición de seres emocionales, deseosos de amor y de un lugar propio en el mundo. Va mi compacta versión:

Érase una vez, en el principio del mundo, que las virtudes y los defectos humanos jugaron a las escondidas. Fue la Locura quien, después de ver bostezar tres veces al Aburrimiento, inventó y explicó el juego… y empezó a contar hasta mil.

La Pereza se escondió en la primera piedra que encontró. La Soberbia dijo que era un juego tonto (lo que no le gustó es que no se le hubiera ocurrido a ella). La Envidia se escondió tras la sombra del árbol, en donde el Triunfo había llegado hasta arriba por su propio esfuerzo. La Creatividad se pintó de verde y se confundió con el pasto. La Verdad no se escondió, porque sabía que de todas formas casi nunca la encontraban.

El Egoísmo fue el primero en hallar un lugar cómodo, para él solito. La Alegría convenció a la Apatía de participar y la llevó a esconderse con ella en una fuente. La Cobardía prefirió no arriesgarse y junto con el Pesimismo se quedaron mirando cómo se divertían los demás. La Generosidad tardó mucho en esconderse, porque primero ayudó a la Belleza a ocultarse en un lago cristalino; a la Bondad en el nido de unos pajaritos y a la Libertad en el mar. Después la Generosidad se escondió fácilmente en un rayito de sol. La Pasión y el Deseo se escondieron juntos en los volcanes. El Talento se escondió dentro del arco iris.

La Mentira dijo que se escondió con la Angustia en una cueva, pero no era cierto: se había escondido con la Intriga en una hiedra venenosa. La Locura terminó de contar hasta mil y empezó a buscarlos. Los fue encontrando uno por uno y se moría de risa al hacerlo.


De pronto se dieron cuenta que faltaba el Amor y que nadie sabía dónde estaba.

Todos participaron en su búsqueda, hasta que un suspiro lo delató entre los rosales. La Locura agitó las rosas para descubrirlo, pero se oyó un fuerte grito de dolor: las espinas se habían clavado en los ojos del Amor. Entonces la Locura, que era más buena de lo que todos suponían, lloró de tristeza y le prometió no dejarlo solo jamás. Y desde ese día, en que se jugó a las escondidas por primera vez en el mundo, el Amor es ciego y la Locura siempre lo acompaña… ¡Feliz Año Nuevo¡

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