lunes, 7 de junio de 2010

Coyoacán-Trastevere-Condesa.

Los tiempos modernos eran tiempos de tertulia, de conversaciones entre amigos en el café, de encuentros para discutir acerca de la realidad literaria, política, cultural, deportiva y social, del país.

Durante el siglo XX, principalmente, los hombres se convocaban cotidianamente en ciertos cafés de la urbe para charlar, eran contertulios asiduos. Eso ocurría en ciudades como Madrid, Barcelona, Paris, Lisboa, Atenas, Ciudad de México, y en otros sitios del mundo entero.

Este viejo hábito de tomar café, fumar, leer periódicos y charlar se perdió entre las brumas de la posmodernidad. Ahora muchos prefieren no salir de sus casas y mediante la computadora chatean con sus amigos. Es lo mismo pero no es igual.

Mi generación, que corresponde a los que nacieron despúes de la Segunda Guerra Mundial, y que hoy frisan el medio siglo de edad o más, son los que nos reuníamos en determinados cafés para charlar durante horas, eran suculentas conversaciones de todo tipo, que no cesaban hasta que cerraban los locales a altas horas de la noche.

En esas tertulias cotidianas se daban cita poetas, periodistas, artistas de teatro, escultores, fotógrafos, pintores, literatos, bailarines, músicos, etcétera. Era el mundo de la intelectualidad de cada nación.

Coyoacán es un barrio bohemio de la ciudad de México, en el cual los contertulios de la zona nos reuníamos en el famoso Café El Parnaso, una librería estupenda además, para compartir opiniones acerca de los acontecimientos intelectuales del momento. todos habíamos leído ya los diarios o los libros de moda, y las conversaciones se nutrían de diversas formas.

En el Trastevere, en la Ciudad de Roma, ocurre lo mismo que en Coyoacán, nos juntabamos a platicar un grupo de fotógrafos, sociólogos y literatos italianos, en amenas reuniones salpicadas de paninis y capuchinos.

Actualmente, la Condesa es el barrio bohemio por excelencia de la ciudad de México, residencia de artistas e intelectuales diversos, que confluyen en el Cafe El Toscano, que está situado frente al mítico Parque México, para divagar y soñar con un México diferente.

Yo tengo reservada la mesa número siete desde hace seis años, en ese sitio me reuno diariamente con varias personas que realizan oficios maravillosos que abarcan todas las ramas de la creatividad humana.

La permanencia en el café El Toscano puede durar ocho horas incansables, durante las cuales los personajes del rumbo circulan y toman café alrededor de mi mesa, y siempre hay conversaciones amenas e ilustrativas para todos. Yo soy feliz en ese lugar, porque mis amigos, ex-pacientes y ex-alumnos de la universidad, me visitan con frecuencia para discutir sobre la realidad nacional o de la realidad y transformación del barrio.

Mi literatura se nutre de las historias que voy recogiendo día a día en ese Café, son historias insólitas y sorprendentes para cualquier narrador avispado.

Lamento que la posmodernidad nos lleve por otros rumbos distintos a los de las tertulias, característica deliciosa de la modernidad del siglo XX, en las cuales el arte de la conversación y la polémica, era algo que constituía una prueba de inteligencia y sapiencia.

Somos los actuales contertulios de café, auténticas piezas de museo, reliquias urbanas, dinosaurios cultos en vías de extinción.

!! Qué vida la modernidad ¡¡

No queremos conversar con las máquinas, no son amigables.

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